Hace
poco se realizó una actividad solidaria en favor de un buen hombre que
presentaba una enfermedad complicada. La familia estaba bastante
endeudada y no tenían los recursos necesarios para la operación que
debían realizarle; fue lindo observar cómo diferentes amigos y
familiares apoyaron a este hombre en esa actividad para aliviar un poco
el peso que tenía.
No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado
en demasía. Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des muerte,
si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi mal.
Entonces Jehová dijo a Moisés: Reúneme setenta varones de los ancianos
de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y
tráelos a la puerta del tabernáculo de reunión, y esperen allí contigo.
Y yo descenderé y hablaré allí contigo, y tomaré del espíritu que está
en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no
la llevarás tú solo. Números 11:14-17
Moisés no podía soportar el peso que llevaba en su espalda al encargarse
de todo el pueblo y comenzó a considerar la muerte como una salida.
Muchas personas que nos rodean han llegado hasta este punto, en el que
el peso de los problemas es demasiado grande, y comienzan a ver la
muerte como una opción porque no pueden más.
¿Te involucras en la necesidad del otro? Seguramente muchos no fueron a
esta actividad solidaria porque tenían otros planes; sin embargo, Dios
nos pide: “amar al prójimo” y esto significa involucrarnos en su
problema, ayudar a llevar el peso, de tal manera que no sienta morir, es
dejar de pensar en uno mismo y decir: ¿Qué necesitas de mí?
En esta oportunidad te animo a renunciar al egoísmo y pensar en el otro,
ayuda a las personas a llevar sus cargas porque seguramente estarás
salvando una vida, brindando paz y consuelo, tal y como lo haría Jesús.
¡Si todos cooperamos los resultados serán mejores!

No
hace mucho recibí un correo en el que la persona decía que “había
perdido la fe” y que su vida espiritual ya no era la misma. Se
congregaba rara vez, oraba de vez en cuando y había dejado de leer la
palabra de Dios. ¿Qué sucedió?
“Timoteo, hijo mío, te doy estas instrucciones, basadas en las palabras
proféticas que se dijeron tiempo atrás acerca de ti. Espero que te
ayuden a pelear bien en las batallas del Señor. Aférrate a tu fe en
Cristo y mantén limpia tu conciencia. Pues algunas personas desobedecieron a propósito lo que les dictaba su conciencia y, como resultado, su fe naufragó.
Himeneo y Alejandro son dos ejemplos. Yo los expulsé y se los entregué a
Satanás, para que aprendieran a no blasfemar contra Dios. 1 Timoteo
1:18-20 (NTV)
En los pasajes que hemos leído encontramos a Pablo dándole instrucciones
a Timoteo, en ellas menciona a Himeneo y Alejandro, dos personas que
voluntariamente desobedecieron las instrucciones del Señor y
distorsionaron su posición como hijos. Se habían desviado del camino, ya
no tenían la misma relación con Dios que al principio y terminaron
alejándose. A tal punto que blasfemaron contra Dios.
Y desafortunadamente ellos no son los únicos. Conozco personas que años
atrás vivían en la fe, predicaban el mensaje de Cristo, servían al Señor
con pasión, se congregaban constantemente y que hoy tristemente han
dejado de hacerlo y se han olvidado de Dios.
Independientemente de cuál sea el motivo o la circunstancia por la cual
una persona se aleja de Dios, tiene un problema inicial y es descuidar
la fe. Ésta no es algo que se da por hecho una vez que recibas a Jesús
en tu corazón y tampoco es algo que no puedes perder en el camino. Se
debe alimentar por medio de la palabra de Dios para que eso no suceda.
“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” Romanos
10:9-10.
Un claro ejemplo es cuando Pablo llegó al final de su vida y le dijo a
Timoteo. “… yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida
está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.
Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará
el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos
los que aman su venida.” 2 Timoteo 4:6-9 (NTV)
“He guardado la fe” No hay duda de que la fe se debe alimentar, cuidar y
guardar, mediante la comunión con el Señor (Orando y meditando en su
Palabra). Y eso debe ser lo más importante para un hijo de Dios. Pablo,
al final de su vida, no dice: “He sido un profesional exitoso, he dado
mis diezmos en gran cantidad, he tenido casas y autos, he sido bueno con
todos, etc.” Simplemente dice: “He peleado la buena batalla, he acabado
la carrera, he guardado la fe.” Eso muestra que su principal prioridad
era guardar las enseñanzas que había recibido de Jesús.
Con seguridad el apóstol Pablo iba a terminar mal y lejos de Dios si
hubiese descuidado su relación con su Creador, pero decidió en su
corazón obedecer todas sus instrucciones. ¿Cómo estás con relación a tu
fe? Si te das cuenta que la incredulidad se ha apoderado de ti y los
pensamientos de duda han invadido tu mente, has un alto en tu vida y
examínate.
No descuides tu fe, porque es lo único que te mantendrá en el camino.
Oremos:
“Dios amado, te doy gracias por todo lo que tú haces en mi vida, gracias
porque lejos de juzgarme y echarme de tu presencia, me buscas para
hacerme entender y mostrarme que aún puedo volver a ti. Perdóname por
haberme alejado de ti, reconozco que me dejé llevar por otras cosas y
hoy me arrepiento. Quiero comenzar de nuevo con tu ayuda, dispongo
totalmente mi corazón para que obres en mí, en el nombre de Jesús,
amén.”
Diego Jora
CVCLAVOZ
Una historia cuenta que atravesando el Atlántico, hace varios años, con el
vapor Scotia, una noche tranquila y serena, un hombre pudo notar en el
capitán del barco cierta inquietud.
Intrigado el hombre por lo que notaba, se dirigió al capitán y le
preguntó a qué se debía su nerviosismo, a lo que le contestó que había
bajado mucho el termómetro durante las últimas horas y que ello lo tenía
preocupado ya que seguramente habría grandes cantidades de hielo a su
alrededor, y obraría como un loco si pretendía continuar el trayecto en
tales circunstancias, ya que lo mejor en aquel caso era parar el barco,
pues si chocaban con un iceberg irían a pique.
Nadie podía advertirles del peligro en que estaban sino el termómetro, y
por la fe en la advertencia del instrumento, el capitán salvó la vida
de todos los que estaban en aquel vapor.
Lo mismo sucede con nuestras vidas, contamos con un termómetro que nos
va guiando y nos muestra si vamos por buen camino o no. Sería tonto de
nuestra parte el querer vivir sin obedecer las advertencias de Dios,
nadie con sentido común seguirá su trayecto sobre una ruta que tiene
avisos de que el camino termina ahí ni tomaría veneno viendo la
advertencia en el frasco. De igual forma, sería necio el pretender vivir
desobedeciendo a Dios y pensar salir ilesos o llevar una buena vida sin
acatar los mandamientos que nos da.
Muchas veces solamente nos aprendemos las promesas, nos agarramos de
ellas y dejamos de lado las prohibiciones que encontramos en la Biblia,
olvidándonos que si no hay obediencia tampoco podremos disfrutar de las
bendiciones que Dios tiene para nosotros.
“Hijo mío, no te olvides de mí ley, Y tu corazón guarde mis
mandamientos; Porque largura de días y años de vida Y paz te aumentarán.
Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; Átalas a tu cuello,
Escríbelas en la tabla de tu corazón; Y hallarás gracia y buena opinión
ante los ojos de Dios y de los hombres. Fíate de Jehová de todo tu
corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus
caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia
opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; Porque será medicina a tu
cuerpo, Y refrigerio para tus huesos” Proverbios 3:1-8 (RVR1960)
Todas las prohibiciones y advertencias que encontramos en la palabra de
Dios no tienen otra finalidad que evitarnos dolor y salvar nuestras
almas porque lo que puede parecernos bueno o inofensivo en su momento,
más adelante puede traernos mucho dolor con las consecuencias que
acarrea, puede alejarnos de Dios, desviarnos del camino e incluso
podríamos terminar perdiendo nuestra salvación.
Vivamos atentos a los mandamientos de Dios para que podamos disfrutar de
una vida de paz y llena de las bendiciones que nuestro Padre tiene para
nosotros. Seamos sabios para obedecer las indicaciones que Él nos da,
de manera que cada día nos acerquemos más a Dios y podamos cumplir el
plan que tiene para nuestras vidas.
Ana María Frege Issa
CVCLAVOZ