“Pero
yo, el Señor, investigo todos los corazones y examino las intenciones
secretas. A todos les doy la debida recompensa, según lo merecen sus
acciones”. Jeremías 17:10 (NTV).
Nada le es oculto a Dios, Él conoce cada uno
de nuestros pensamientos y sabe lo que alberga nuestro corazón. Por lo
tanto y como hijos suyos, debemos procurar que todo lo que Dios halle en
nuestros corazones sea agradable. Pidamos entonces al Espíritu Santo
para que renueve nuestra mente y cambie nuestro corazón, aprendamos de
la Palabra de Dios y pongámosla en práctica en nuestro diario vivir.
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