Todos
nacemos con una inclinación a hacer siempre lo malo y aunque al
principio cualquiera parece un niño inocente, con el tiempo se
manifiestan todo tipo de pecados: ira, mentira, robo, malos
pensamientos, envidia, celos, etc. Todas esas acciones se hacen
evidentes en proporciones pequeñas al principio y si no son corregidas
suelen crecer descontroladamente.
Es verdad que al llegar a los pies de Cristo todos los pecados son
limpiados completamente por la obra redentora de Su Sacrificio en la
Cruz del Calvario, pero después es necesario someterse a Su voluntad
escrita en la Biblia para que nuestras vidas sean corregidas.
“¿Cómo podrá el joven llevar una vida limpia? ¡Viviendo de
acuerdo con tu palabra! Yo te busco de todo corazón; no dejes que me
aparte de tus mandamientos. He guardado tus palabras en mi corazón para
no pecar contra ti. ¡Bendito tú, Señor! ¡Enséñame tus leyes!” Salmos
119:9-12 Versión Dios Habla Hoy
Permanecer en obediencia a la ley de Dios es como colocarse un arnés que
mantiene el pecado sujeto para que las obras de la carne no sigan
desgastando nuestra vida. De a poco se manifestarán cambios en nuestras
actitudes, costumbres y hábitos, para dar lugar al fruto del Espíritu
(amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre,
templanza) del que habla Gálatas 5:22-23
Someterse a la ley de Dios puede ser incómodo y hasta doloroso al
principio, pero podemos estar seguros que obtendremos cambios
definitivos y eternos.
En la vida uno siente en muchas ocaciones la necesidad de comunicar lo que se piensa, lo que se hace, lo que se siente...lo que se es. Este espacio es quizá una fuente de información relevante para muchos y para otros no tanto; lo importante es que ha sido creado para llevar el mensaje de Jesús a cada uno de quienes deseen recibirlo. Jesús es no solo el protagonista de mi vida, sino que deseo de todo corazón que se convierta en el centro de tu vida también.
jueves, 20 de julio de 2017
Para corregir nuestra vida.
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